Nuestras vecinas, las marsupiales
Por: Daniela Aguagiña
Hace tiempo atrás, la especie de ranas Gasthroteca Riobambae o popularmente conocidas como las ranitas ‘marsupiales’, convivían en los charcos y cochas que componían los paisajes de la ciudad de Quito. Sin embargo, esta especie está a punto de pasar ‘a la otra vida’, pues está en peligro de extinción, como alguna vez lo estuvieron varias especies de anfibios quiteños. Esto por el evidente crecimiento urbano que disminuye los hogares de las ranas.
Frente a estos problemas, el Zoo de Quito ha iniciado la campaña de conservación de las ranitas, cuyo proceso se basa en reintroducir renacuajos en distintas zonas verdes de la capital. Pero ahí no termina la buena noticia, sino que el zoológico, sin pensar dos veces, creó la exposición educativa «Rana marsupial, la vida en dos mundos», que informa sobre la vida y la lucha de esta especie por sobrevivir en la ciudad.
Además de que se pueden visualizar algunos ejemplares de esta especie y desde luego aprender sobre otras especies de anfibios extintas en Quito como la rana cohete (Hyloxalus jacobuspetersi), Jambato negro (Atelopues ignescens) y la rana de cristal altoandina de Buckley (Centrolene buckleyi).
Esta iniciativa llegó hasta oídos internacionales, pues ya recibió un reconocimiento, nada más y nada menos que certificado de un proyecto de conservación en el hábitat de las ranas marsupiales.
A continuación, puedes leer algunos datos que de seguro te pueden interesar sobre los vecinos marsupiales:
Los üillis üillis miden aproximadamente 2 centímetros, pueden confundirse con peces, pero son realmente renacuajos.
Su hábitat natural son los charcos, cerca de varias plantas nativas.
Cuando llueve la rana ‘cuico o cutín’ (Pristimantis unistrigatus) suele croar, es el sonido más popular que se escuchan en las calles capitalinas.
Al crecer, sus pulmones lo hacen con el resto de su cuerpo y su esqueleto, que antes estaba conformado por cartílagos, se transforman en huesos.
Una hembra guarda hasta 130 renacuajos durante 30 días, tiempo en el que se completa su metamorfosis.
Apuesto a que no sabías varios de estos datos, pero puedes conocer más en la exposición dirigida a grandes y chicos, pues esta, aún se encuentra disponible en el zoológico y continúa presta a contagiar de la vibra de los üillis üillis a todos.
Esta especie nos deja una gran lección, pues como dice la frase conocida por muchos: «Hasta lo más pequeño, puede llegar a hacer una gran diferencia» y desde luego, de nosotros también depende conservar y cuidar a nuestros pequeños vecinos verdes antes de que sea tarde.
Fuente:
Quito Informa/ Zoológico Guayllabamba