De la pluma de Emilia Medina Ochoa

Por: Emilia Medina Ochoa

Los poemas de Federico García Lorca, Romance sonámbulo, por ejemplo, me llevaron a sentir ese gusto y sabor por los versos. También me gusta Pablo Neruda, pero en realidad García Lorca me robó el corazón y agitó esa necesidad de escribir poemas. Ya son dos años creando y proponiendo versos, esos versos que salen de Emilia Medina Ochoa, estudiante de Educación Básica de la Universidad Politécnica Salesiana, sede Cuenca.

Escribo porque observo el mundo, escribo a la vida, al amor, a las cosas que pasan. Mis preferidos son los versos cortos para poemas largos, extensos, que dejan sensaciones que no se pueden explicar. Aquí comparto con Utopía «Otro día de soledad», la historia de María hecha poesía.

Otro día de soledad

Hay momentos de bienestar,

hay momentos deplorables,

hay momentos de apartarse y ocultar el azul del cielo y mar,

hay momentos para marcharse y olvidar.

 

María, encarcelada en su cálido aposento,

el médico la revisa; y, ella tiene un presentimiento.

María con una tez amarillenta como el trigo,

María con una mueca y un suspiro proyecta un gesto descontento.

 

La tristeza interior le recorría todo el cuerpo,

tratando de calmarse, añadió un lamento,

escribía día y noche para matar el aburrimiento;

y, se asomaba a la ventana para contemplar los cielos.

 

En un largo tiempo de espera, sus amigos

empezaron a olvidar a la dulce María.

En un mar de llanto, ella escribía su melancolía,

y solo existían sus recuerdos como testigos.

 

Mientras la luna la miraba tristemente,

María sigue siendo como siempre una joven soñadora,

que anhela volver a ser la misma impacientemente,

María tiene miedo por tal tragedia tan desesperanzadora.

 

El tiempo pasa lentamente.

María ha dejado sus tristezas

—pero— su enfermedad ha seguido avanzando lamentablemente

Con la luz en su pupila; ¡María tiene esperanzas!

 

De pronto, una mañana de marzo

la madre de María entra a su cuarto; y, la ve dormida

—o— eso pensó, hasta que la tomó del brazo,

era gélido como la nieve establecida.