Festival Contracorriente

Por: Santiago Salvador

Después de años de inactividad debido a la pandemia de la COVID-19, la escena musical de la capital sigue despertando poco a poco. El pasado agosto se realizó el Festival Contracorriente, con el objetivo de posicionarse como uno de los más grandes de la ciudad. Fue organizado por el Municipio de Quito con el apoyo de Agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR), en el marco de Agosto, mes de las artes, y apostó por un lineup completamente latinoamericano en tres distintos escenarios. El festival se llevó a cabo en el parque Itchimbía.

El evento fue transmitido en vivo y contó con la participación de Milo Mae, La Máquina Camaleón, Descomunal, Minipony, La Escuela, Chloe Silva, Álvaro Bermeo de Guardarraya, Leena Bae de Costa Rica, Rubio de Chile, Lateral de Perú, Mother Flowers de Venezuela, Ácido Pantera de Bogotá, Technicolor Fabriks de México, entre otros. Una muestra de varios géneros urbanos e independientes de todos los rincones de Latinoamérica.

Cuando llegué al concierto había una fila gigantesca, pero la organización y la seguridad fueron notables, varios uniformados controlaban el único punto de acceso y se realizaban requisas. No se permitía ni bebidas alcohólicas, ni cinturones, ni cámaras fotográficas; y a pesar de este reglamento, logré entrar con al menos una de estas cosas: mi cámara fotográfica.

Y fue lo único que necesitaba, pues al entrar me di cuenta de que este no era cualquier festival. Noté dos cosas: la primera, jóvenes sentados, relajándose, haciendo yoga o ejercicio, pintándose la cara, compartiendo, riendo, tomando fotos o bailando junto con los artistas. Gente vestida (e incluso disfrazada) de todos los colores y con estilos únicos. Pude ver a una juventud expresarse tal y como es, con todas sus rebeldías, encantos y diversidades, y fue fascinante. Y con los tres escenarios uno junto al otro, apenas distanciados lo suficiente para poder escuchar la música, tenías para escoger.

Lo que me lleva a lo segundo, la música. Quiero recalcar que antes del festival, no conocía ningún artista más allá de Chloe Silva y Máquina. Chloe se presentó a la 13:00, pero por llegar tarde y esperar en la fila no pude escucharla. Mi premio consuelo fue el punk de La Escuela, con quienes se formó un pogo en su última canción. Y mi banda favorita del día: Lateral, con un reggae medio romántico que me conquistó por completo.

Luego vi a Rubio, un dúo chileno del género trip hop que tuvo una muy buena acogida entre el público. En ese punto, empezó a llover copiosamente, pero el festival no paró (y la lluvia sí), y era el turno de Quixosis, con una música electrónica que me puso a bailar todo el anochecer. Y después de ver a los mexicanos de Technicolor, era momento de cerrar con broche de oro: para cuando La Máquina Camaleón empezó, ya había cientos de personas en el público.

Fue un día memorable, y creo que no solo para mí, sino también para la escena cultural de la ciudad en general. Terminé conociendo música nueva y muy buena y es por eso mismo que es importante tener este tipo de espacios públicos para los jóvenes, porque nos permite visibilizar el inmenso talento que nuestra Latinoamérica y nuestro Ecuador poseen.