¿Pasión o interés por el mundial?
Por: Karen García
La espera de cuatro años para los hinchas fervientes que proclaman a sus ídolos está cada vez más cerca. El Mundial es aquel encuentro masivo que permite disfrutar un espectáculo deportivo, significa más que una competencia, la unión cultural debería ser más importante que conseguir el balón de oro. De acuerdo con lo expresado por Pollard (1986), «La presencia de la hinchada del equipo local supone un estímulo a la energía y al esfuerzo del equipo local que termina intimidando a los jugadores del equipo contrario».
Quizás para muchos fanáticos es interesante ver y aprender calidad y técnicas de sus mejores deportistas, disfrutar entre amigos y familia una tarde viendo el partido, pero no todo el mundo piensa igual. Un fanático piensa: «Claro que se puede vivir sin fútbol, pero se vive peor» (Valdano, 2020).
La duda surge: ¿Todos tenemos los mismos intereses por el Mundial de Fútbol?
Lo que inició como diversión hoy es un lucro, los dueños del negocio no saben el significado del hincha apasionado y realmente no les importa si se disfruta o no, ya no importa si es una integración social que no excluye raza, sexo, creencias o estatus económico, eso quedo atrás, prevalece el dinero que pagan los medios de comunicación para acceder a los derechos de difusión y la publicidad que generan las agencias.
Recalquemos que el interés no solo proviene de grandes empresas, aquellas 22 personas que corren por una pelota y que se agotan físicamente por 90 minutos y que conllevan actos violentos y bochornosos entre equipos, no se soportan por amor a la camiseta, se resiste por el dinero.
Temas de relevancia como guerras, crisis económica o la desnutrición infantil que están presente en la mayor parte del mundo pueden quedar en segundo plano, pero el dinero por el fútbol jamás puede faltar.
Las gigantescas moles de cemento donde multitudes enardecidas aclaman a sus ídolos estuvieron vacías y los llamados «templos del fútbol» enmudecieron en casi todo el planeta a raíz del coronavirus (Brieger, 2020).
La pandemia por la COVID-19 fue una gran enseñanza, la crisis sanitaria podía seguir aumentando, miles de personas muriendo, no había dinero para acceder a vacunas, pero la pelota tenía que rodar. Para Quintero y Umaña (2021) con la flexibilización de medidas de aislamiento, en mayo de 2020, la Liga alemana fue la primera que se reactivó con partidos sin espectadores y el resto de las Ligas europeas comenzaron a seguir el ejemplo de Alemania, de ahí a que se quiera analizar cómo el efecto local se ha visto afectado.
Los países invierten dinero porque la expectativa de un gran Mundial aumenta. El que viene tiene que ser mejor que el anterior, se busca mejoría en tecnología o estadios acordes con la altura de los jugadores e invitados que invirtieron dinero y convirtieron el deporte en una ruleta de apuestas, para ver el nacimiento de nuevas estrellas en el fútbol.
La gente no tuvo fútbol que ver en sus pantallas para distraerse del mal rato por el cual pasaba el mundo, los medios no tuvieron deportes que transmitir. Las Ligas comenzaron a sufrir las consecuencias de tener contratos que pagar sin recibir ingresos, haciendo que las asociaciones del fútbol retomaran las actividades tan pronto como fuera posible para evitar una caída mayor.
Demostrando que para solventar otras necesidades no hay dinero, pero para sobornar a los miembros de la Federación Internacional de Fútbol Asociado existe dinero.
Es imposible pensar que podemos vivir sin fútbol y también es imposible creer que la corrupción desaparecerá, pues nuestra sociedad no se puede enderezar, ya que en este mundo todo se compra y se vende (Orloff II, 2020).
Bibliografía