¿Qué tan inclusivo es el lenguaje inclusivo?

Por: Victoria Freire 

El lenguaje inclusivo surge en los años 70 del siglo pasado, con la segunda oleada feminista, para replantear la representación despectiva y la poca relevancia del género femenino en la lengua; pero en los últimos años, se lo ha usado para visibilizar y normalizar grupos con identidades de género diversas.

Este cambio drástico y un análisis pseudocrítico, me hicieron llegar a la conclusión de que el lenguaje inclusivo es superexcluyente y reduccionista porque ¿de verdad puedo «incluir» a alguien cambiando la “e” o la “x” al final de pronombres o adjetivos? ¿Modificar ciertas normas gramaticales puede visibilizar a minorías y a movimientos de lucha? ¿A qué se refiere con «incluir»?

En primer lugar, hablar de lenguaje es hablar de gestos, posturas, miradas, palabras, gritos, silencios, letras, sonrisas y hasta sensaciones, no se puede reducir la magnificencia y amplitud del lenguaje a lo oral y lo escrito. Si el lenguaje inclusivo fuese de verdad un lenguaje, ¿no debería crear algo así como «gestos inclusivos»?

Ahora, la inclusividad es una herramienta que permite la convivencia diversa. A pesar de que todos somos iguales, no todos tenemos las mismas capacidades u oportunidades del otro. Entonces es ahí cuando la inclusividad entra para que todos vivamos equitativamente; por ejemplo, si una revista fuese inclusiva, al lado de cada párrafo habría otro en braille y en kichwa y tuviese un CD para quienes no puedan leer, además las letras tendrían un tamaño adecuado para las personas con miopía y astigmatismo y las paletas de colores utilizarían tonos perceptibles por daltónicos, etc. El lenguaje inclusivo está reduciendo la inclusividad a la diversidad de género y sexual.

Y, ¿acaso, las personas con géneros diversos tienen alguna discapacidad o inhabilidad que no les permite ser parte de algo? ¿Por qué se ha de «incluir» a quienes siempre formaron parte del todo? Estamos usando el término ‘inclusión’ errónea y peyorativamente –gais, lesbianas, trans, intersexuales…, mujeres, afros, indígenas, latinos, asiáticos, han existido desde el origen de los tiempos– ¿por qué han de incluirlos si siempre formaron parte? El mundo machista, violento, homófobo, racista, heteronormativo ha pintado a las «minorías» de diferentes, pero eso no significa que lo sean.

Hablar de lenguaje inclusivo es aceptar que no se es parte de lo normal y cotidiano y que se necesita de un lenguaje especial para sentirse aceptados y visibilizados. Rompamos el sistema siendo más analíticos –no hay necesidad de exagerar nada para abrir los ojos de la gente–, solo debemos ser nosotros mismos, nosotros diversos y únicos. Nada llama más la atención que alguien feliz consigo mismo, siendo él o ella misma.

Que la inclusividad no forme parte de la exclusión. Seamos inclusivos para ser diversos, no para mantenernos en la misma pelea monótona y victimista.